Cómo detectar el Burnout o el síndrome del trabajador quemado

¡Sí a todo! Es la respuesta que nos sugiere Windows cuando queremos aplicar la misma acción a distintos ficheros. Y no, no siempre podemos hacer todo lo que queremos aunque pensemos (y nos digan) que “si nos esforzamos, podemos conseguir lo que queramos”. Muchas veces existen límites invisibles que no se detectan hasta que es demasiado tarde y el problema ya es demasiado grave: Estamos hablando del Burnout o síndrome del trabajador quemado, aquel empleado que se da cuenta de que no, no puede decir que sí a todo en la oficina porque no es un superhéroe, no es el superordenador más potente del mundo, es un ser humano que trabaja.

Más de la mitad de los trabajadores experimentan ansiedad, sudores fríos, mareos, náuseas, cefalea, palpitaciones y otros síntomas producidos por una carga de trabajo excesiva, asumida por miedo a perder el trabajo. No, no se trata de levantarse triste y sin ganas de ir a trabajar tras una noche de insomnio, es mucho más grave: el burnout es una crisis nerviosa originada por un desgaste físico y psicológico producido en el entorno laboral de la que puede ser muy difícil recuperarse.

Por ello, es importante tomar medidas antes de que sea demasiado tarde y nos mostremos nerviosos e irascibles con las personas que más queremos: si estamos quemados, puede resultar muy incómoda nuestra presencia y necesitaremos atención psicológica.

Lo más importante es asumir que sufrimos de burnout. Parece obvio pero la mayoría de los trabajadores que sufren este tipo de ansiedad no son conscientes de su enfermedad y piensan que pueden manejar el estrés laboral y seguir diciendo “¡Sí a todo!” hasta que termine esas cinco mil cosas que ha empezado y que tiene que entregar cuanto antes a su jefe o cliente. Y no, el trabajador quemado no acabará nunca sus tareas sino que la montaña de trabajo se hará cada vez más grande. El burnout impide que el trabajador pueda hacer bien su trabajo y se dedique a apagar el fuego con gasolina mientras abandona su vida personal por razones de trabajo.

La solución más sencilla para remediar el síndrome del trabajador quemado es descansar. Respirar profundamente, hacer yoga, relajarse en un SPA, disfrutar de una comida en familia, ir al cine, dar un paseo por el campo o sentarse a escuchar un disco. Necesitas trabajar en ti mismo primero para poder trabajar bien para los demás.